Octubre (Parte 7)
Veras Harry...-Dije- No lo sé.
-No me digas no lo sé. ¿Dónde esta la Susam que siempre sabe qué hacer?
Le miré desafiante.
- De acuerdo, me quedaré un tiempo.
No sé por qué respondí que sí. Y tarde o temprano me terminaría arrepintiendo.
Los días transcurrieron divertidos. Yo, todas las mañanas salía a dar una vuelta y Harry de vez en cuando me acompañaba contándome chistes y haciendo de las suyas para sorprender. He de reconocer que me resultaba muy divertido estar con él, y las horas pasaban mucho más rápido de lo normal. Pero con los días llegaban las noches. Noches de dudas, de terror a ser descubierta. De ganas de volar libre y de miedo a que Harry volviera a formular preguntas sobre mí. Las pasaba despierta, sentada en el alféizar de la ventana de la acogedora habitación, mirando a al cielo poco despejado por las fechas de frío y nubes que me acompañaba a diario..
Llegó de nuevo una noche, ésta vez del 6 de Enero. Me senté como anteriores veces en el alféizar de la ventana. Harry ya dormía. Yo llevaba un vestido negro, por las rodillas. Abrí la ventana, y pude notar como Harry se acurrucaba más entre las gruesas mantas. Este frío era poco habitual y encantador, mágico. Un golpe de viento me impulsó a salir por la ventana.
-Silencio-
Me dije.
Descalza bajé cuidadosamente y caminé por las calles de suelos fríos con escarcha. Yo no notaba frío. Solamente podía seguir los impulsos de aire. Era como si me empujaran o me llevaran de la mano.
De repente, el aire cesó. Estaba en una callejuela, que dirigía a una gran avenida. Se podía ver el vapor que salía de mí por la respiración. Todo estaba oscuro, con alguna que otra farola encendida con luz tenue. Miré a mi alrededor una vez más. Seguí por la gran avenida y entonces comprendí por qué estaba allí. Ese aire que me empujaba no era más que intuición, sí. Pero frente a mí tenía a alguien conocido. Hacía años que no lo veía, hacía años que estaba sola en un mundo gris, hacía años que estaba ocultándome sin poder hablar con alguien parecido a mí.
Le miré fijamente a los ojos y me mantuve intencionadamente callada. El tiempo pasaba lentamente y no movíamos los labios. Con mirarnos nos bastaba, de momento.
Comencé a pensar en lo sola que me había sentido estos últimos años, y fue entonces cuando bajé la mirada. Entonces Eric se acercó y con su mano me levantó ligeramente la cara.
-Lo siento- Dijo, y me dio el abrazo más caluroso que había recibido nunca.
Yo solo encogí mis brazos para estar más recogida.
- Siento haberte dejado sola tanto tiempo y sin noticias. Sé que te dije que volvería pronto, pero no...-
Yo sabía que no tenía excusa con la cual excusarse.
-Te mande una carta...
-Mentira- Me limité a decir
Él me miró asombrado por mi respuesta, e hizo como si no hubiera dicho yo nada.

