Octubre(Parte 4)
El sudor frío invadía mi cuerpo. Conseguí mover un pie, y mis manos habían pasado de estar paralizadas a templar. ¿Qué debía hacer? Quizá mostrar mi identidad fuese lo más indicado, pero podrían pasar muchas cosas después de que revelara qué soy. El susurro del aire, las gotas de la recién acabada lluvia, las hojas cayéndose por la estación otoñal… Todo estaba en orden. Y yo debía estarlo. Sólo se me ocurrió una cosa.
-Dime qué quieres de mí.-Dije seriamente.
-Nada.-Anunció cambiando el sentido de su mirada hacia el cielo.
Le miré fijamente a los ojos, había conseguido que mi grado de seriedad aumentara aún más.
-No me puedes decir que nada cuando me has citado aquí para hablar conmigo.
-Está bien. Verás...: Te seguí anoche. Aunque me fui por otro camino, después volví y te vi a lo lejos. Tenía mucha curiosidad por saber donde vivías porque me habías parecido muy interesante de conocer, además…-miró hacia abajo como avergonzado-Mis amigos llevan fijándose en ti desde hace tiempo. Desde que llegaste al edificio de Bellas Artes. Al igual que yo, te ven…-Volvió a cambiar su mirada. Esta vez, a mis ojos firmemente-interesante, extraña. Y todos teníamos ansias de conocerte. Y yo tuve la oportunidad de hacerlo, ¡tú me querías conocer! Así que te seguí para acercarme otro día y hablar contigo. Entonces te vi hablando con la Luna y supe qué eras. Te puedo asegurar que no se lo diré a nadie. ¡Soy una de las personas que creen en seres como tu!-.
Llegó el momento. Si callaba le daba la razón; y si hablaba…
-Crees en seres como yo.
-Sí.
-¿Seres?-era el momento de mentir. -¡Si no creo en ningún dios! ¿Cómo quieres que crea en seres?
-Creo que no me has entendido. Estos seres, tú, no es que no sean humanos sino que durante su vida van observando su alrededor y se proponen conocer a alguien en concreto. Además poseen gracias a la vida que han pasado unas cualidades algo más desarrolladas que el resto de humanos. –Explicó con admirable firmeza- Dichos seres suelen mirar a la Luna, hablarle. Y como es normal, no obtienen una respuesta per…
-Pero ella les tranquiliza y consiguen aliviar su intranquilidad.-le corté yo. -¿Es eso?
-¡Claro! ¡Al fin lo reconoces!-Se alegró tanto que se puso en pie.-Por un momento lo dije para admitirlo, pero se me ocurrió al instante una idea:
-No. Son leyendas…cosas que se escuchan por las calles. También por ancianos soñadores o viejos libros.-No pude evitar un suspiro de alivio-
-Ya… Pues nada más que hablar, entonces.-Dio un paso hacia atrás, se volvió, y se fue insatisfecho.
Con gran sentimiento de alivio me quedé en el banco, viendo cómo se alejaba y muy satisfecha de lo que había dicho, aunque sabiendo a ciencia cierta que Harry insistiría.
En las siguientes semanas la caída de las hojas de los árboles estaba llegando a su fin y dejaba paso a un frío y seco invierno. Las calles estaban aún más solitarias que en otoño y las vacaciones de navidad estaban próximas. Los días eran completamente rutinarios: Me levantaba a las 7 de la mañana, a las 8 empezaban las clases y según el día finalizaban a una hora. El camino lo hacía en bicicleta y a la vuelta compraba en el súper para hacerme la comida. Estudiaba no más que lo necesario y mi tiempo libre lo dedicaba al dibujo u otras aficiones mías. Algunos días los dedicaba a seguir a Harry y verlo con sus amigos, que se fijaban en chicas monumentales de revistas como adolescentes. De vez en cuando cruzábamos las miradas Harry y yo en las salidas de nuestras facultades (que estaban en frente) mientras los amigos se reían con una admiración que pretendían ocultar. A diferencia de todos, yo no quedaba con nadie. Mi chico desapareció el invierno pasado y no estaba en condiciones de quedar con nadie. Alguna vez que otra me encontraba con algún familiar, que ni se dignaban a mirarme porque creían que el motivo de su desaparición fue porque después de tener un enfado se marchó de viaje unos días en barco. Durante su vuelta…desapareció. En fin, dejemos de hablar de él que no viene mucho al caso. También me daba paseos por las noches y llegaba tarde a casa. Claro que, al día siguiente, estaba cansada. Pero mis ganas de vivir y de pasar otro día más eran más fuertes que dicho cansancio y me ayudaban a estar con los ojos bien abiertos con una sonrisa en la cara. Llegó Diciembre y con él, mis deseadas vacaciones. Decidí irme al Centro Comercial para celebrarlo y allí estaban los amigos de Harry, y al parecer, sin él. Pasé al lado de ellos y me llamaron:
-¡Ven, anda! ¡Siéntate con nosotros!- Dijo uno muy animado.
Como hacía mucho que no quedaba con nadie, me acerqué y me senté con ellos muy extrañada por su proposición. Aunque pronto me di cuenta de lo que querían:
-¡Nos ha dicho Harry que te conoce! ¿Cómo es que una chica como tú se fija en él sin pasarse antes a conocernos a nosotros?-Dijo uno medio borracho
-Pues verás, Javi-le quité la botella de cerveza de la mano- Porque él vale mucho más como persona que tú. Y como parece que lo único que os importa es el físico, te diré que es mucho más atractivo que tú-le dije en tono vacilante pero sincero- ¿Algo más? ¿Alguna duda más?-.
Todos callaron boquiabiertos por mi respuesta, como si no hubieran entendido ni una palabra de lo que había dicho. Me levanté, y cuando ya me había girado para irme, alguien conocido me cogió la mano. Como otras veces, volvía a ser Harry.




Comentarios sobre Octubre(Parte 4)
Te leo nena...