Irene en el mundo de Elena(6)
Henar habló una vez más.
-En el puente te he visto llorar, reír, pensar... Siempre sola y mirando el cielo, las estrellas o la Luna.- Sonrió. Irene la miró con incomprensión sin saber el por qué de su sonrisa. Entonces continuó hablando con clara intención de contestarle su duda. - ¡Eso te une a nuestro mundo! Sin saberlo, nunca has estado en el puente sola. Los seres que habitan aquí han estado a tu alrededor, observándote.- Terminó de decir.
Se produjo un profundo silencio. Irene estaba ensimismada pensando en lo que le había ocurrido. Era todo tan extraño... Era como si todo lo que imaginaba cada noche en el puente hubiera existido sin darse cuenta. Un lugar donde habitaban toda clase de seres que observaban el mundo exterior al bosque. Que la observaban a ella.
Mientras tanto, Henar la miraba desde la rama más baja de un árbol. Su vestido de seda dejaba entrever la silueta de sus pequeñas piernas y las rasgaduras permitían ver alguna parte de las rodillas. A su lado, había un ser viejo con melena y barba cana y entre larga. En su cara y sus tobillos tenía unas manchas verdes. Llevaba puesto un pantalón y una camisa verdes como la hierba del bosque, igualmente rasgados y sucios como el vestido de la niña. También llevaba un gorrito puntiagudo marrón que seguramente tapaba la calva que pensó Irene que tendría en la cabeza. Entonces recordó la historia que le empezó a contar Henar, y supuso que preguntar por ella no sería mala idea.
- ¿Y la historia que me contaste en el puente?
- ¿La de mi padre?- Preguntó mirando al ser que tenía a su lado.
-Sí, esa misma. Entré en el bosque para buscarte y saber la historia entera.- Una hoja cayó y se le quedó en la mejilla a Irene. Ésta se la apartó. -Termina de contármela...
-Vale.- Henar adquirió de nuevo el tono ingenuo e infantil con el que la había conocido Irene.- Pero no te la voy a contar yo. Sino... Mi padre.-A Irene le dio un vuelco el corazón al saber que el padre de la chiquilla era aquel anciano ser semihumano.- Aunque creo que descubrirás el final tu sola.-Terminó de decir. Y entonces intervino el anciano, al que llamaban Arón.
