Irene en el mundo de Elena(4)
Hacía frío, y su vestimenta dejaba mucho que desear. Decidió refugiarse en cualquier rincón en el que estuviera recogida. Por suerte, encontró un hueco en el suelo, algo cubierto por raíces. Allí estaría a salvo para descansar. Había perdido la esperanza de encontrar a la niña, y con ello el fin de la historia.
Miró a su alrededor. Todo era de cuento de hadas; el río húmedo que se iba abriendo paso entre las rocas, los árboles altos y robustos que dejaban caer sus ramas, luciérnagas que junto con las estrellas hacían un bosque mágico...
Sus pensamientos se interrumpieron. Tenía frente a ella a la niña con la que había hablado. Misteriosa como la que más, dejó ver su rostro, en el que destacaban sus ojos verdes y parecían iluminarle la carita. Irene, atónita por su reencuentro, se levantó. Ninguna de ellas hablaba y el silencio la hacía temblar. Duda, miedo. Es lo que sentía Irene. Posteriormente, la chica se le acercó y susurró:
-¿Por qué tener miedo a aquellos que forman parte de tus más profundos sueños?-.
La inocente e infantil chiquilla a la que había conocido en el puente ya no hablaba con las palabras y las expresiones de una niña de 7 años. Ahora, aunque manteniendo su timbre infantil, hablaba como una persona de mayor edad.
Irene la miraba fijamente a los ojos, pero estaba muda.
-No hay que tener miedo, Irene... Tus ojos negros te protegen de bestias, tu pelo largo y entre rizado te hace diferente a cualquier habitante de aquí y a la vez te hace digna de respeto.- La niña parecía confusa, pero estaba muy segura de lo que decía y hacía.-Por tu nombre sé que amas la paz y la tranquilidad, ¿no es así?-.
-S-sí. Pero... ¿cómo te llamas? Quiero... quiero saber tu nombre... quiero saber tu historia... quiero saber dónde estoy...- dijo Irene insegura. Y la chica sonrió levemente.
-¿Quieres saber quien soy antes de saber quien eres?- Dijo justificando su sonrisita.
Entonces, se quedó perpleja.- ¿que quién soy?-se decía para sí. No comprendía nada. No sabía qué decir. Sencillamente... no entendía nada.-muy bien...-Se dijo. Y seguidamente añadió en voz alta:
-¿Quién soy?- Se limitó a decir.
-Eres hija de duendes, hermana de hadas y madre de la magia pura. Tus poderes son la serenidad que regalas a nuestro bosque, junto con la capacidad de amar el más puro de los sueños.- relató. Como podía observar, Irene continuaba en el mismo estado. Así que cogió su mano y dijo:-Ven conmigo-.

