Irene en el mundo de Elena(2)
La joven de mayor edad permanecía quieta, esperaba con ansia que le contara más sobre su padre y el sueño de éste.
- Mi papá también me dijo que antes de irse debía hacer algo que siempre había querido hacer. Aunque nunca supe qué era, sé que lo hizo porque si no, no podría irse a cumplir su sueño.- Añadió la pequeña, que miró hacia la oscuridad del bosque situado al lado contrario del que procedía. Irene la miraba soñadora y continuaba sin moverse. Entonces, la niña se giró y se fue sin más por donde había venido tarareando una canción hasta que se adentró en el bosque.
La joven dudó unos instantes. No sabía si ir tras la ella o dejar que se fuera sin más. Pero la curiosidad y sus ganas por hacer lo mismo que el hombre del que hablaba la misteriosa chiquilla eran más fuertes que su miedo al bosque e impidieron que se quedara inmóvil un segundo más. Así que se levantó y caminó con sumo cuidado unos metros hasta poder ver la silueta de la niña, que se alejaba lentamente de ella.
Se apresuró y comenzó a andar muy rápidamente, sin tener en cuenta los posibles peligros que podría tener un bosque tan oscuro, donde de noche sólo llegaba luz de la Luna a pequeñas zonas donde a las ramas de los árboles se les habían escapado algún rayo luminoso. El desánimo le invadió de repente: la niña, su silueta, la dulce melodía que cantaba... todo parecía haberse desvanecido. Ya no la podía ver, ni oír. Miraba a todos lados, ¡a todos! Pero ni rastro de ella.
Poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad, y distinguía cada piedra que encontraba en su camino. El reloj que siempre llevaba debía haberlo perdido y la noche parecía no acabar nunca.
De nuevo miró hacia un lado y a otro, sin respuesta alguna a sus dudas; ¿Dónde está?, ¿Dónde estoy exactamente?, ¿Qué hora es?, ¿Qué pasara ahora?, ¿Qué debo hacer...?
Sólo escuchaba ruidos del bosque, ninguno menos raro que el siguiente y que lograban que Irene se estremeciese. Se sentía observada por mil ojos inexistentes, o al menos eso creía:
En este bosque habitaban numerosas criaturas de las que se ignoraba por completo su existencia. Ella conocía leyendas especialmente místicas y la mayoría sobre oscuros bosques de cuento, y como toda persona, los creía ficticios. Pero para su suerte o no, dichas leyendas las conocía muy bien, y el bosque en que se encontraba le recordaba especialmente a una leyenda que su hermana le contaba en su niñez:
"Cuenta la leyenda que en las noches en las que la Luna desea estar nueva, muchos seres reinan el oscuro bosque de Vowort, donde todos callan y sólo valientes entran en él para después ser invadidos por puro misterio del que no quieren volver..."-.
Una lágrima recorrió su cara hasta que finalmente cayó al suelo, y a Irene le sirvió para volver a la realidad y dejar de recordar a su familia, de la que no sabía nada desde corta edad.

