Desearía estar paseando por arena de playa virgen de noche, con una gran luna que casi acariciara en el horizonte al mar, dejando atrás las huellas de mis pies y de vez en cuando echando la mirada atrás sin encontrar a nadie.
Anhelo las tardes y noches enteras sentada en cualquier sitio, con la mirada perdida hacia arriba y escribiendo la realidad a mi antojo, y sentir al final del todo esas lágrimas de angustia al descubrir la verdadera realidad.
Esas lágrimas están llenas de deseos por volar, y salir fuera; conocer, vivir, sonreír...
Ser feliz.
Esas lágrimas que caen por mi rostro llevan el reflejo del mundo que se muere a mi alrededor, mientras nosotros no hacemos nada. Nada... Muchas personas se limitan a pensar que todo va bien, que nada está mal, mientras permanecen en sus casas metidos imaginando que todo el mundo está como ellos; con un hogar y comiendo caliente.
No hacen más que esconderse.
Esas lágrimas son quimeras que poco a poco han ido rompiéndose a golpes de sinrazón y de sinsentido. Y más que nadie deseo que mis sueños, bastante alcanzables, se cumplan. Pero no... a mi no me lo permiten. ¡No me lo permiten!
Puede que no me permitan cumplir mi sueño más cercano, pero jamás conseguirán que deje de tenerlos, jamás conseguirán que deje de luchar por cumplirlos. Me caeré una y mil veces, pero al menos lo habré intentado y no habré luchado en vano.
Como dice una cancion, "Hago pájaros de barro y los echo a volar..."
Esta es una canción que hicieron los pioneros (grupo de edad de esntre 14-18 años) de mi grupo scout que se llama "inti raymi" acerca de la tierra. Está formada por dos voces, una representa a la tierra, y la otra al scout. Es muy bonita, y mas de uno deberia coger nota de esto...
(Tierra): Dime tu hermano scout ¿Por qué hace años estaba bien por qué la vida era tan alegre y ahora no lo es?
(Scout): Sé de que me hablas tú madre Tierra, intenta hablar la gente no escucha no intenta comprender
*(TODOS) Y un día hablará y será tan fuerte su voz que gritará la tierra gritará. Y todos querremos volver a empezar pero será, será tarde ya...
(Tierra) Mi cielo oscureció bosque y prados verdes ya no son hasta el agua ya tiene color algo la contaminó.
(Scouts) Lograremos hacer que la tierra vaya para bien porque sin tí, naturaleza nada podemos hacer!
(TODOS)
Y un día hablará y será tan fuerte su voz que gritará, la tierra gritará.... Y todos querremos volver a empezar pero será, será tarde ya....
Mañana el mi último examen importante, parecia que este momento no llegaría nunca!
La verdad es que me pasa siempre, que cuando termino los exámenes, es una sensación bastante extraña, pero genial! supongo que será extraña al pensar que he terminado los examenes, pero en tres meses estaré mas apretada que nunca preparando selectividad...
Me volví a presentar en un concurso de relato, esta vez, con "Rosas Negras". No he ganado, ni tampoco segunda, pero si me han dado el accésit! =D (¿qué más dará el puesto?¿qué mas dará no recebir más regalo que el de la publicacion de mi relato junto con los ganadores?) Estoy contenta con esto, aunque no podré ir a la ceremonia de entrega de premios porque estaré en mi cena de fin de curso. ¡Una lástima!
En fin, tambien aprovecho para decir...¡pronto actualizaré! no sé si continuaré escribiendo prácticamente solo relatos o tambien sentimientos, estados de ánimos, ambiciones, deseos... ya veré. Supongo que un poco de todo!
Lo dicho, pronto tendré tiempo y ya escribiré, mañana será otro día!
Y yo sólo soy capaz de mirar por la ventana. Algún día tendré que rendirme. Jamás podré contar las estrellas.
Tampoco las gotas que resbalan por mi piel y ruedan por el cristal, y dejan su rastro en el aire.
Odio descubrir mis límites.
NOCHES
La noche perfecta, dijiste. Y me miraste, con una sonrisa en los labios y el silencio evidenciando tus palabras.
La noche perfecta. Y me dejaste pensando qué noche sería aquella, soñando las palabras, dibujando los besos. Y me olvidaste.
AUSENCIAS
Ya no sé qué queda. Ya no sé tu boca ni tus caricias, ya no sé tus besos, no sé tus noches ni las mías, ni tus silencios, ni mis percances, ya no sé el mar, no sé la luna, no sé los sueños...
HUÍDAS
Es tan curioso huir de tí contigo... Ya no sé si correr o quedarme parada ni cómo conseguir que te alejes de mi vida definitivamente. No serás para mí. Y quise ser tuya, a pesar de todo.
No pude.
MUERTE
Yo tambien estoy perdiendo el control: la lluvia no me deja mirar a los tejados. Se cuela en mis ojos, se enreda en mi pelo y me encadena a esa sonrisa de dedio lado tan oscura últimamente.
Morir no fue la mejor decisión.
Tengo todo el tiempo del mundo para conseguirlo.
SILENCIO
He dormido doce horas seguidas y aún estoy cansada. Tengo más lágrimas en los hojos que ayer y encima estas no son de cocodrilo, ni de viento, ni de cansancio. Son lágrimas de ti y de angustia, de soledad, de mimos, de palabras frustradas y gritos desgarrados y moribundos, de cosas sin sentido y noches en vela. Ayer quería escribir, pero me faltaban las fuerzas. Hoy sólo tengo el vacío.
Y nos no-caricias. Y tu silencio.
Esta poesía la encontré en un libro de ganadores y destacados estudiantes que escribían. Es de Alicia Perez Méjica, de Madrid.
Desperté no sé cuánto tiempo después en el hospital tras un largo periodo en estado vegetativo. Estaba desconcertada, no sabía dónde me encontraba. Miraba a un lado y a otro, observando cada rincón de la habitación de camas y paredes blancas. Junto a mí tenía a 6 jóvenes que tendrían mi edad más o menos, y que curiosamente se encontraban en el mismo estado en que yo había estado en escasos momentos. Dormían. Algún tiempo más tarde salí del hospital, quedándome únicamente con unas llaves y una dirección. Cuando llegué a mi destino, abrí la puerta y miré a mi alrededor. En el buzón ponía mi nombre: era mi casa. Entré desorientada, muy despacio. Aún recordando vagamente algunas imágenes que carecían de significado para mí en ese momento, podía notar el vacío que tenía por dentro; esa gran laguna que recogía todos los momentos de mi vida y que debía recuperar. Me deslicé frustrada por la pared hasta quedar sentada en el suelo. Miraba al frente haciéndome estúpidas preguntas sin poder hallar las respuestas. Con lágrimas en los ojos, permanecí aturdida varios días sin saber qué hacer, qué decir o dónde ir. Sin ganas de averiguar nada, sin comer... Así pues, llegó un día en que sí supe qué hacer: pregunté todo lo que sabían de mí, incluidos los médicos, que me dijeron dónde me encontraron. Cuando volví a casa, me puse a removerlo todo. Vi todos los álbumes de fotos para así saber algo de mi pasado, busqué apuntes para saber qué estaba haciendo... Pero lo que realmente me importaba era cualquier indicio de que hubiera estado donde me habían encontrado los médicos y el por qué estaba así allí. Entre papeles encontré un pico de un sobre. Tiré de él y leí: "Sierra Nevada" -¡Al fin!- exclamé. Era un sobre que me había mandado una tal Isabel. Era de donde me dijeron los médicos, así que leí:
¡Hola! ¡Mira lo que he encontrado! Sería muy buena idea que fuéramos Vanesa, Pablo, Miriam, Israel, Jesús, tú y yo a esta pequeña casita de la foto que te dejo. ¡Podríamos pasar allí unos días y descansar de la rutina que se apodera de nosotros! Ojalá puedas, creo que si vamos pasaremos grandes momentos todos juntos. ¡Muchos besos!
-Qué extraño...- dije. Con esta carta en la mano me dirigí al hospital de nuevo. Esos nombres... Eran sin contarme a mí 6, justamente el número de jóvenes que había en mi habitación del hospital. Llegué y efectivamente, eran ellos. Las enfermeras me confirmaron que esos nombres eran suyos. Días más tarde, fui a la casa de la foto del sobre. Al entrar, ese olor que rasgaba mi garganta me era familiar. Todo estaba polvoriento, llevaba mucho tiempo sin habitar. Con cada paso se levantaban unos centímetros de nube de polvo y rozaba mi cara toda aquella humedad igualmente familiar. Subí y me dio una punzada en el corazón. Bajo los pies de cada cama, en el suelo de madera, había una gran mancha negra. Seguidamente y a gran velocidad, bajé las chirriantes escaleras, topándome con la cocina. Y con ello, encontrándome con una jarra que tenía una rosa grisácea seca en su interior. El tiempo parecía haberla descolorido. Me quedé quieta y recordé de repente la antigua escena que había vivido escasos meses atrás en esa misma posición. Aún quedaban restos negros en el suelo que provocaron en mí un escalofrío. Noté una sensación muy extraña. Clavé mi mirada en la rosa, recordando que antaño había sido negra como el carbón. Pasados unos segundos, salí sin dudarlo afuera y corté de uno de los rosales una rosa negra. Su sangre salpicó mi ropa y de nuevo me persiguió esa sombra negra que se deslizaba por el suelo. Decidí permanecer tranquila y totalmente quieta observando lo que sucedía. Terminó rodeándome dejando un par de centímetros entre mis pies y el líquido. Podía pasar cualquier cosa. Me armé de valor para continuar quita y no pude evitar que se me encogiera el corazón. El liquido comenzó a acercarse más y más y llegó a mis pies. Cerré los ojos y los apreté con fuerza sin saber lo que me esperaba. Como la última vez que estuve en la casa, se apoderó lentamente de mi cuerpo, subiendo desde lo pies hasta el pecho y los brazos. Mi corazón latía a gran velocidad, yo temblaba...me faltaba el aire y una gota de sudor me recorrió la cara hasta caer al suelo. Me mareé por momentos, y justo cuando iba a caer al suelo abrí los ojos y vi una sombra humana esconderse. ¡Me estaban observando! Algo cayó al suelo de repente y el líquido negro me abandonó. Miré a mi alrededor, encontrando todo tal cual estaba menos el jarrón donde estaba la rosa, que estaba roto. Aunque ocurría algo más; la rosa ya no estaba, había desaparecido por completo... Igual que la sombra humana. Al fin reaccioné y moví mis pies. Me sentía aturdida, pero con un ardiente deseo de descubrir qué estaba pasando. Pasaron 5 minutos y no se me quitaban de la cabeza mis 6 compañeros en el hospital. A ellos les habría pasado lo mismo que a mí, pero continuaban sin despertar. De forma extraña iban apareciendo al fin vagos recuerdos desordenados de mi vida, y con ellos muchos momentos con estos 5 compañeros hacia los que empezaba a sentir mucho afecto. Finalmente me senté en un rincón del salón y me dispuse a esperar. Pensé que esperar sería lo mejor, ya que si había alguien, en algún momento debía moverse o salir. Recordé entonces que la mancha negra no había desaparecido, sino que había huido cuando el jarrón se hizo trizas. Continué sentada en el suelo y apoyada en la pared mucho rato... Se escuchaban los quejidos de la madera de la casa, pero nada más. Yo esperaba escuchar pasos, una tos, algún murmullo, pero nada. Ya no podía esperar, mi impaciencia superaba a la sensatez, así que me levanté y examiné palmo a palmo la casa sin encontrar nada extraño. Había revisado cada esquina, cada habitación, cada rincón... y solo había encontrado un baúl. Lo cogí y lo abrí. -¿Pero qué...? Rosas negras. ¡Estaba lleno de rosas negras secas! Sí, era extraño, pero ese hallazgo no descubría ningún misterio. En ese momento, me fijé en que me faltaba una cinta que siempre llevaba en la muñeca, pero no le di importancia ya que la podría haber perdido en cualquier momento. Finalmente y con desilusión por no saciar la intriga que me había producido todo el misterio de aquella casa, salí de allí y corté 6 rosas negras. Me dirigí al hospital y dejé a cada compañero una rosa negra en la mesilla que tenían junto a su cama con una nota esperando que mejorasen. Sin más me fui a casa para dormir tranquila e intentar no pensar en el asunto de la casa y esas dichosas rosas negras que tantos quebraderos de cabeza me habían dado. Entré, y cuando llegué a mi habitación, se me sobrecogió el corazón: encima de la cama había una rosa negra, y ésta tenía mi lazo blanco atado al tallo.
Me dio una punzada en el pecho. ¡El agua...roja! ¡Estaba roja! Miré con angustia hacia los lados sin saber cómo reaccionar. -¿Pero qué..? Mis manos, mi ropa, mis pies... Todo estaba con gotas que teñían de rojo a su antojo. Estaba muy nerviosa y me costaba actuar con cordura. Rápidamente, cogí el jarrón para vaciarlo y llenarlo de agua de nuevo, esperando que no volviera a suceder lo ocurrido. Para mi sorpresa, esta vez el agua permaneció intacta después de meter la flor. O eso creía... Pasado un rato, mientras limpiaba aquel líquido derramado, dirigí mi mirada hacia el jarrón, donde ya no quedaba ni una mísera gota de agua. Parecía como si hubiesen pasado los años sin que nadie volviese a llenar el jarrón. Los pétalos secos, aunque color carbón opaco. Parecía que se caerían en cuestión de segundos. Entonces, ocurrió. Por la parte por la que la flor había sido cortada comenzó a salir un líquido negro espeso, de textura parecida a la del aceite. Aunque es tan difícil de describir... Se deslizaba por la encimera de la cocina hasta llegar al suelo. Perseguía mis pisadas y se extendía por cualquier lugar, quedando todo negro mate a su paso. Inevitablemente me alcanzó. En ese instante sentí cómo un frío seco comenzaba a apoderarse de mi cuerpo, recorriéndolo de arriba a abajo lentamente. Poco a poco comencé a sentir náuseas. Luego, sueño. Después frío. Tras unos minutos sin reaccionar y experimentando toda clase de sensaciones, mi vista se empezó a apagar. Puedo recordar el reflejo de mi rostro exhausto en el cristal de la jarra... Caí al suelo. Era el momento en el que quedé inmóvil totalmente, con la mirada perdida hacia un horizonte que no podía ver y con lágrimas congeladas que no podían caer de mis ojos. Pasó un minuto. Y otro. Y otro más. Así pasaron los minutos hasta contar el tiempo de una o dos horas. Tenía la esperanza de que fuera la hora de amanecer y que mis ojos sintieran al menos el resplandor del sol. Pero nada. Seguramente aún quedaban algunas horas más para que esto sucediera. De repente, mi cuerpo sintió un escalofrío y luego un hormigueo que subía y subía hasta centrarse en la cabeza. Pasaron por mi mente varios cientos de imágenes de mi vida completa, incluyendo así los momentos más recónditos que creía olvidados. No me daba cuenta de lo que me estaba ocurriendo. No era consciente de que cada imagen que sobrevolaba mi pensamiento en esos instantes, estaba siendo borrada y olvidada. Uno a uno desfilaron en silencio ante mí esos momentos. Difícilmente los volvería a recordar. Más tarde, silencio.
Había quedado con un amigo, y me comentó que debería ver este video. Es un discurso de Svete Jo (creador de Apple, Macintosh, Pixar...)
Aconsejo mucho verlo, lo pongo con subtítulos en Español y el discurso escrito abajo.
Aquí esta la segunda parte.
Por último, el discurso escrito en español.
Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.
La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.
Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé? Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: "Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?" "Por supuesto", dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad. Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante. Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde. Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo - tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida. Tuve suerte - supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación - el Macintosh - un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador. Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores - que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí - aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo. No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia. Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte. Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: "Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón". Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: "Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?" Y si la respuesta era "No" durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo. Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo - las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso - se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón. Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós. Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual: Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma - que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario. Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Meno Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: "Sigue hambriento. Sigue insensato". Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue insensato. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.
¿Qué sentirías si un día descubrieses que en tu cabeza sólo quedan vagas imágenes que carecen de sentido? Es difícil de explicar con palabras lo que pude sentir en aquel momento, cuando me pareció desvanecerse el mundo, cuando veía cómo mis recuerdos dejaban de fluir dentro de mí y pasé a sentirme vacía...
Fue más allá de la medianoche del 16 de noviembre, cuando yo no tenía más que 20 años. Estábamos un grupo de amigos en una casa alquilada en Sierra Nevada. Era nuestra primera noche allí y quedamos asombrados al entrar y ver cómo la oscuridad era casi total. Los cristales estaban empañados sin poder verse nada tras ellos, la humedad se olía en el ambiente, el polvo rozaba nuestras gargantas y las tablas de madera del suelo crujían con cada uno de nuestros pasos. Todo lo demás, silencio. Buscamos interruptores cercanos a las puertas, pero como yo había imaginado al instante de abrir la puerta, no había electricidad. Sin más que un pellizco cogido en el pecho y una cerilla encendida, nos adentramos en aquella vieja casa de madera. Al entrar en nuestras habitaciones nos percatamos de un detalle un tanto extraño: rosas negras. Las había a modo de adorno encima de la cama de cada uno de nosotros. Fruncí el ceño. -¿Rosas negras...? Ignorando mi comentario continuamos deshaciendo las maletas y nos hicimos algo de cena. Charlábamos, reíamos... pero nadie mencionó aquello que tanto me llamó la atención. Intenté no pensar en eso, y concentré todos mis sentidos en la conversación. Estaban recordando momentos pasados: profesores, compañeros, risas, peleas... Al rato se fueron a dormir Vanesa y Jesús. El resto permanecimos en silencio mientras chirriaban las escaleras cuando subían escalón a escalón. Nos mirábamos todos sin razón alguna y continuamos con lo nuestro. Pasaron las 2 de la mañana y Miriam, Israel, Isa y Pablo decidieron acostarse. Yo, sin gana alguna de subir aquellas escaleras y meterme en un nudo de sábanas y mantas, me quedé en el polvoriento sillón rojo, mirando al frente, observando las manillas de un reloj de cuco que estaba al fondo de todo el salón. Finalmente, y con la mirada perdida, mi cabeza comenzó a trabajar. Rosas negras sobrevolaban mi mente. Negras... Negras como la noche más oscura que haya vivido la Tierra. Desplacé mi vista, ahora con la ventana como objetivo. -¿Aire? Pensé. Por algún lado entraba aire. Una brisa acariciaba mi cara desde otra ventana tras la escalera. Fui e intenté cerrarla varias veces, pero ya era imposible: en uno de mis intentos por acabar con ese airecillo que rondaba el salón, rompí el cristal. Cogí un martillo y clavos, suspiré para mis adentros y sin más remedio me dirigí hacia la puerta. Puse mi mano sobre el picaporte temblorosamente, y con miedo lo giré. Abrí la puerta y esperé unos segundos antes de salir al oscuro escenario. Solo se oía mi respiración. Tras esos instantes, me dispuse a andar por lo que parecía un camino de tablas que estaba pegado a la casa hasta llegar a la dichosa ventana, culpable de mi salida a deshoras. Finalmente, con tablas de madera seca, los clavos y el martillo, tapé el hueco de la ventana y me giré para volver a la puerta. A mi alrededor había rosales, éstos con rosas idénticas a las que adornaban la casa. Pétalos carnosos, negros. Tallo con escasas espinas. Atraída por la belleza de dichas plantas, cogí una y entré en la casa. No quería perder ni un minuto más ahí afuera. Una vez dentro, me senté de nuevo en el polvoriento sofá rojo, observando la rosa y dejando pasar el tiempo a su antojo. Los minutos pasaban y yo estaba hipnotizada por aquel ser, que sangraba por el tallo. Al fin, reaccioné gracias al cosquilleo que me produjo el líquido rojizo que fluía por mi mano y me dirigí a la cocina para coger un jarrón y meterla en agua. Así al menos no mancharía toda la casa. En el momento que el tallo rozó el agua, ésta se volvió roja y me sirvió para estar atenta a lo que estaba haciendo de una vez.
Todos tenemos un lugar donde desahogarnos. Ya sea virtual, como es este caso, o un simple papel. Os invito a leer este blog, donde plasmo ideas, historias, realidades....